¡Carajo!

Me dicen que soy grosero…. ¡Carajo!

Habría que definir las palabras grosero y grosería.

Para mí la peor grosería en México, que es un país de groseros, es la pobreza. Si la pobreza no te ofende, no tienes derecho a juzgar el lenguaje. La pobreza de nuestra gente es más que una grosería, es una afrenta a la dignidad humana, una llaga abierta, un reclamo de justicia elemental.

“-Ay pinche indio que bien te sale esa rola…” Así le decía yo a mi amigo Mario, virtuoso de la guitarra que hace ya muchos años no está con nosotros. Nunca, ni él ni yo pensamos que “pinche” o “indio” pudieran ser groserías.

Pero he escuchado y leído el uso de la palabra “indio” con tono despectivo. Eso, ¡eso! es una grosería, especialmente cuando son los jóvenes los que la usan. Palabras así, verdaderas groserías, me suenan a mí mucho, pero mucho peor que el simple “pendejo” o “buey”.

Las palabras güero y güera también son una grosería. Especialmente cuando se usan como si el ser rubio fuera alguna clase de logro… “mira que bonita la güerita” le decían a mi segunda hija. Afortunadamente mi hija mayor nunca se amilanó, le contestaba a la gente “Yo soy Alicia y también estoy bonita”. Tanto era el “güerita bonita” que a los 3 o 4 años mi hija quería que le pintáramos el cabello de negro, no le gustaba que la gente se le acercara tanto.

Hasta a mí, que no soy rubio me han dicho “güero”. Y es que cualquiera que no sea “prieto” es güero”. Y se usa la palabra “prieto” como otra grosería. Las groserías para mí, son las palabras que se usan con ánimo de ofender y peor aún, de discriminar.

Muchos mexicanos piensan que como no tenemos una gran población de negros, no podemos ser racistas… con pena les platico a mis amigos estadounidenses que en mi país hay mucho racismo y que a diferencia de los Estados Unidos, no es mal visto, se le vé como algo normal. Estereotipos groseros, muy groseros, telenovelas que parecen haber sido filmadas en Suecia o Noruega, donde todos son “güeros y güeras”.

Si oir a un joven hablar de los “indios” me parece muy grosero, oír a una señora hablando de la “chacha” en modo despectivo, me parece peor que una patada en donde duele. Considerarse superior a otro ser humano por el sólo hecho de haber nacido en un estatus socioeconómico más alto y haber tenido acceso a “alguna”, así entre comillas, educación, es una grosería. La vida entera de quien así se maneja es una grosería.

Si a mi me dicen “gordo”, la palabra no es más que una descripción. Usar la palabra “gorda” para referirse a una adolescente que está batallando con su peso es una grosería, lo mismo que decirle burro a quien no es muy inteligente o torpe a quien tiene problemas psicomotores.

Una grosería de las que más me ofenden es cuando un niño se refiere a la persona que lo cuida como “mi muchacha”... ¿Mi? ¡Como si todavía hubiera esclavos! ¿Mi? Cuando oigo eso me dan ganas  de gritar ¡Tu pinche madre! Pero me contengo.

Cabrón, pendejo, mamón, chingada, ¡sobre todo chingada!, son palabras floridas, que nos ayudan a describir el mundo, palabras con decenas, cientos de significados, pero al final solo palabras. Las verdaderas groserías son otras: indio, prieto, naco, chacha, mi muchacha. Esas son las groserías que, desafortunadamente se usan mucho en mi querido México.



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