¿Qué me vas a hacer, pendejo?

¿Qué me vas a hacer, pendejo?

Ese no soy yo, o no el yo normal…

Ese día se juntaron varias cosas: tronó el aire de mi carro, hacía mucho calor (¡qué raro!) y tenía un hambre del carajo…

Puse en el GPS que me llevara a un desayuno. Escogí uno cerca, pero andaba con mil cosas en la cabeza, así que primero me dijo que estábamos a 3 kilómetros y luego a 5… o sea que me pasé… buey.

Puse el desayuno. Era la una de la tarde y yo con mucha hambre… me llevó al restaurante Quiriego, que no es precisamente un desayuno económico…

Caminando bajo el sol al restaurante, se rompió mi huarache/sandalia y ahí te voy medio cojeando.

Llego y espero y espero. Al final me traen el menú. Regresa y le pido alguna clase de tacos o tostadas pero sin carne. Le dije: «Yo no como carne…». Creo que tenían con hongos, no recuerdo. Le pregunté si sería suficiente, dado que tenía mucha pinche hambre. Acabé pidiendo eso y una coliflor asada…

Se tardan y se tardan. Ponen mi comida en la barra y dan a la campanita una y otra vez, y a la tercera o cuarta aparece mi mesero y me trae mi comida…

Me pregunta si quiero que corte mi coliflor… veo que los tacos / tostadas tenían carne… le digo:
—¿Qué es esto?

Me dice que lo que pedí. Le dije que yo le expliqué que no como carne, y me contestó diciendo que no le expliqué de cuál carne.

67 años de emular la parte buena de Gandhi… yo siempre todo paz, pero ese día… ese día…

No recuerdo mis exactas palabras, pero no fueron buenas… y sobre todo no muy calladitas… Medio restaurante me escuchaba. Se acerca otro mesero, yo con la tarjeta en la mano, y me dice que me calme. Le contesto que se calme su señora madre y decido que, aparte de todo, no les pago nada. Meto mi tarjeta en mi cartera y empiezo a caminar hacia la salida, medio caminando con huarache jodido…

Me tratan de detener 2 o 3 de los flaquitos. Yo sigo caminando empujando para seguir adelante. Llaman a la caballería, estoy enfrente de los mejor desarrollados del restaurante, altos, fuertes y malencarados. Me dicen que tengo que pagar. Les explico a los gorilas que su madre puede pagar mi cuenta… El intercambio va subiendo…

—¿Qué me vas a hacer, pendejo? ¡Ándale, chingao! Pégame, puto, llama a la policía, aquí solo tu madre va a pagar…

Me dice que me calme y le digo con toda calma:
—Me hubiera dicho, me equivoqué y le traigo otro, me dijo que no sabia de cual carne. No voy a pagar y puedes llamar a la policía, detenerme tú o dejarme ir…

Ya saben cuál escogió.

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